lunes, enero 16, 2006

Septiembre Canela

... el día en que deje de pensar en ti,

será el día en el que la muerte toque

a mi puerta...


Las turbias corrientes que corrompen el pórtico de lo sereno
Retan a mis recuerdos y sueños, nada más que ilusiones.
Los ritos de un rincón desaparecen para convertirse en viento,
Aquel soplo de luz rumbo al crepúsculo hiriente para fallecer.

Cómo idolatro aquel océano oscuro con sus olas grises
Envueltos en aromas que dominan a demonios;
Aquel perfume que entristece a ángeles caídos
Y que llama a la puerta de mis ojos quebrantados
Para regalarte lagrimas color carmesí, solo para ti.

Qué más pedir que solo aire, vaho de tus recuerdos,
Esa represión de mi ser en cada vuelo negro por valles profundos,
Para arremeter en el fondo del barranco como arpía maldita,
Para seguir con el destino soberbio que te has impuesto
Y yo encarar al infierno hasta el invierno de mi vida.

Ya habrán desaparecido los redobles de sufrimiento para ese entonces,
Mi océano será un mar de hielo cuyo brillo será sinónimo de oscuridad.
Qué triste es nacer solo para apreciar el fin del mundo
Y vivir en la eternidad de la confusión.

El infierno se convirtió en fuego, sangre de mi corazón helado
Que solo busca perlas candentes para saciar mi sufrimiento
En este vasto desierto gobernado de fantasmas azules dignos de piedad,
Con derecho a renacer del laberinto de la muerte.

He llegado a los dominios de aquel rey avaro,
Y he de suplicar a su puerta por alimento.
¿Tan bajo he caído por mis sueños e ilusiones?
Quizás soy el egoísta en esta fábula llena de animales feroces.

Quiero invocar tres semanas de dolor y volverlas dos meses de confusión,
Para agitar mi realidad y mezclarla con el sabor dulce de tus palabras;
Beberme ese coctail antes de que empiece el diluvio de corrupción
Y perder una guerra universal por la eternidad.
Solo restan sueños e ilusiones errantes y perdidos en el olvido,
Desaparecidos en el océano oscuro de tus cabellos.

La noble tristeza que no huye por palabra de súplica,
Siempre presente en el volátil corazón de un ser adusto
Enfermo de terquedad y egoísmo incomprensibles,
Aprisionando al ángel e una celda de amor para nunca liberarlo.
Yo te haré un mundo en donde serás reina y yo tu esclavo;
Qué triste: delirios de un melancólico atardecer.

MMH.

Septiembre Canela. Septiembre 2004