Aquí se encuentra el blasfemo ante la vida,
Un paria de la felicidad,
Una estatua sumergida en oraciones en la cuna de una noche,
El beato de tristes palabras,
El de aquellas siluetas solitarias en las profundidades de un mar olvidado.
Este abnegado llegó al fin del mundo, a la cima del cielo,
A las puertas del infierno,
Solo para entregar su alma a las desdicha por puro despecho;
Y no es más que un ebrio de sueños, sueños moribundos
Sin esperanza alguna.
Es el fin del camino, un lugar único entres las ánimas.
Apropiado para ti, pobre engendro.
Enterrarás esperanzas en tumbas confortables que esgrimen realidades;
Solo son dolores, nada más, pero eso es todo.
Y ahora que te encuentras al fin del camino, no hay regreso.
Pobre incauto, no ves la idiosincrasia de este cielo gris,
Sino que observas hacia el horizonte, a una estrella ya muerta.
Pero la insistencia es tu calvario y por eso estas acá.
Solo generas felicidad, creador de sueños;
Pero sufres de una negra sed,
Incapaz de saciarte ni con aquellas dulces lágrimas ajenas,
Porque la felicidad es el sueño eterno que jamás encontrarás,
Y me sentaré en tu futuro para compadecerme de esta ironía:
Su felicidad es tu tristeza,
Sale el sol y tus ojos son noches…
Mira a tu alrededor y goza de tu masacre que es lo único que posees,
Mira al cielo y llora de impotencia,
Mira las exquisiteces de la vida y confórmate con el polvo de tierra,
Mira las aves volar y acostúmbrate a arrastrarte en tus pensamientos,
Porque sabes que eres un ser de alma incauta
Que se esconde detrás de cortinas negras
Ocultando las memorias de tu vida pasada.
Sin embargo, tu alma furibunda adolece de malicia
Y no conoces aún el sufrimiento que purga en estas tinieblas,
Eres un ignorante de tu brutal realidad,
Porque tu vida es una cruel metáfora asesina
Que tiene brazos y piernas y anda por las calles
Buscando víctimas para tu esplendoroso festín.
Eres una suave melodía que nade de lágrimas,
Una orquesta de heridas abiertas,
Notas sublimes que gotean de boca para fallecer de inanición,
Eres un ente desdichado, desganado, una plaga de sueños
Que nunca despertará de su dimensión;
Sobre todo porque no sabes las reglas de juego de tu mente
Subordinadas a aquello que llamas
satisfacción.
Mas no captas que el pasado te gobierna,
Que tus alborotadas palabras son frutos de sentimientos;
No sabes discernir entre vivos y muertos,
No sabes gobernar
No sabes conquistar
No sabes amar
No sabes odiar
Solo sabes soñar
Y te acordarás, ya cuando hayas terminado tu búsqueda
Que solo eras el blasfemo ante la vida,
Un paria de la felicidad,
Una estatua sumergida en oraciones en la cuna de una noche,
El beato de tristes palabras,
El de aquellas siluetas solitarias en las profundidades de un mar olvidado;
Aquello que no regresará
Pero siempre te seguirá.
MMH.
Septiembre Canela. Noviembre 2004